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Detengámonos ante el pesebre para contemplar la misericordia divina

Curia Provincial | Hno. Erik Castillo, Superior Provincial | 20.12.2018

Compartimos el mensaje de Navidad del Superior Provincial Hno. Erik Castillo. En cada una de nuestras comunidades y obras apostólicas, estas fiestas son una oportunidad para revitalizar y expresar la presencia de Dios. Para nosotros, un modo concreto de manifestar esa presencia es la hospitalidad.


“Les invito a detenerse ante el pesebre, porque allí nos habla la ternura de Dios. Allí se contempla la misericordia divina que se ha hecho carne, y que enternece nuestra mirada”, Papa Francisco.


Ramos Mejía, 20 de diciembre de 2018


Queridos Hermanos y Colaboradores:

Estamos próximos a celebrar la Navidad, el nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo. Una imagen habitual que observamos en estas fechas es el pesebre. Este ícono irradia una luz de actitudes y gestos que expresan nuestra identidad y misión.

En cada una de nuestras comunidades y obras apostólicas, estas fiestas son una oportunidad para revitalizar y expresar la presencia de Dios. Para nosotros, un modo concreto de manifestar esa presencia es la hospitalidad.

La carta de identidad de nuestra organización nos recuerda que “al hablar de hospitalidad nos referimos, en general, a la acogida que ofrecemos a otra persona en nuestra casa” [Carta de Identidad. 2.2.1 El Dios hospitalidad, pág. 12]. Si buscamos el sentido espiritual de esta actitud humana, tendremos que animarnos a contemplar lo más profundo del ser de Dios.

San Juan de Dios aprendió de la enseñanza de Jesús que el modo más humano para la relación con la persona que sufre es la filoxenia, es decir, elegir recibir cordialmente a toda persona que llegaba a su hospital. Esta experiencia de San Juan de Dios la visualizamos en el pesebre, en la acogida cordial que José y María ofrecen al niño que nace en Belén y en la presencia de Dios que se hace hombre, que acompaña a todos y de modo especial a quien sufre. El sentido trascendente de la hospitalidad, presente en cada persona, la vislumbramos en la relación de amor, de acogida y cordialidad entre Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Jesucristo, desde su nacimiento, nos transmite nuestro valor fundamental: la hospitalidad.

Durante este mes, es común que tengamos varias actividades por realizar y eventos en los cuales participar. Nuestra atención está habitualmente orientada hacia estas acciones. Además, es frecuente observar la imagen del pesebre en nuestras casas, en las capillas y en algunos servicios de nuestros centros asistenciales. En medio de ese ritmo un tanto acelerado, animarnos a detenernos unos minutos a contemplar esa imagen, nos permite captar los sentimientos más nobles que anhela el corazón de cada persona. Detenernos ante el pesebre, observarlo con atención, nos revela los principios más elevados del espíritu humano.

La fiesta de la Navidad y las celebraciones de fin de año son la posibilidad para hacer memoria de este año compartido, situarnos en el presente con una mirada agradecida y motivarnos hacia el futuro con actitud de esperanza. Destacando las palabras del Papa Francisco: “les invito a detenerse ante el pesebre, porque allí nos habla la ternura de Dios. Allí se contempla la misericordia divina que se ha hecho carne y que enternece nuestra mirada”.

Transitamos el camino hacia la constitución de la única provincia para Latinoamérica y el Caribe. Es un tiempo de transición. Se nos exige ser creativos para transparentar nuestra filosofía en el siglo XXI. En este proceso se manifiestan deseos muy nobles, iniciativas valiosas y también preocupaciones, interrogantes y algunas resistencias. Al contemplar el pesebre vislumbramos que las grandes obras, como la llevada a cabo por San Juan de Dios, tienen su fundamento en la certeza de que Dios está con nosotros y en ser fieles a los principios y valores del Evangelio. Todo lo demás, nuestras estructuras, planes, procesos de acreditación y todo trabajo técnico tendrán sentido si en cada encuentro con otras personas transparentamos la ternura de Dios, la hospitalidad. Este es un regalo primordial que podemos ofrecer cada día. Es un obsequio que hace plenamente humana nuestra vida personal, familiar, laboral y comunitaria.

Les pido que estas palabras puedan compartirlas con sus familias y seres queridos. Ellos son un soporte vital para ustedes y para nuestra institución.

Les envío un saludo afectuoso en nuestro padre San Juan de Dios. Confiemos el próximo año que se avecina a la Virgen María, nuestra Madre espiritual que supo enfrentar con dedicación y confianza cada circunstancia de su vida.

Fraternalmente,

Hno. Erik Castillo
Superior Provincial




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por Hno. Erik Castillo, Superior Provincial