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Clausura del Capítulo General: discurso del Superior General

LXIX Capítulo General | Hno. Jesús Etayo, Superior General | 05.02.2019

"Anclados en el Señor y llenos de alegría por el amor que nos tiene, salgamos de nosotros mismos para practicar la hospitalidad cada día, dando lo mejor que somos y tenemos. Hagámoslo abriendo nuestras Comunidades, nuestras Casas y nuestra Orden a todos aquellos que desean hacer el bien a los pobres y enfermos...".


LXIX CAPÍTULO GENERAL DE LA ORDEN HOSPITALARIA DE SAN JUAN DE DIOS

DISCURSO DE CLAUSURA


Hno. Jesús Etayo
Superior General
5 febrero 2019

1. Introducción

Queridos Hermanos y Colaboradores de la Familia Hospitalaria de San Juan de Dios

Hemos llegado al final de nuestro LXIX Capítulo General cuyo título ha sido “Construyendo el futuro de la Hospitalidad” y que durante más de tres semanas hemos celebrado en Roma, en esta casa Villa Aurelia junto a la Casa General de los Padres Dehonianos, que gentilmente han puesto a nuestra disposición su Iglesia, donde cada día hemos celebrado la Eucaristía en la que el Señor ha alimentado nuestra vida espiritual y ha guiado nuestras jornadas de trabajo.

Construir la hospitalidad mirando al futuro implica para todos nosotros renovar cada día nuestra vocación, acogiendo la llamada del Señor y el envío que nos hace a la misión de la hospitalidad, sirviendo a los posbres, enfermos y necesitados. Tenemos unos buenos cimientos en nuestro carisma y en nuestra misión, pero necesitamos construir y volver a construir en cada momento las formas y los modos de responder a los desafíos y a las necesidades que se nos plantean, para que la Casa, es decir, nuestra Orden y nuestra Familia, esté siempre lista y dispuesta. Modos y formas del pasado o no construidas adecuadamente en la actualidad no sirven y desenfocan la respuesta que hoy se nos pide.

Han sido un Capítulo intenso en cuanto al trabajo realizado, en el que guiados por el Espíritu del Señor hemos pretendido discernir la voluntad del Señor. Deseo que los resultados de nuestra Asamblea Capitular den muchos y buenos frutos para el futuro y abran un espacio de luz y de esperanza para la Iglesia y para todos los miembros de nuestra Orden y de nuestra Familia de San Juan de Dios.

Una vez más deseo agradecer a todos la confianza que habéis depositado en mí al reelegirme como Superior General. Lo acojo y lo vivo como la voluntad del Señor que me llama a seguir realizando este servicio a la Iglesia y a la Orden. Supone una gran responsabilidad que la asumo con fe y esperanza. Reconozco mis pobrezas y mis limitaciones y por eso pongo toda mi confianza en el Señor, sabiendo que quien me ha llamado a este servicio me acompañará y me sostendrá, como lo ha hecho hasta el momento. Igualmente confío y pongo este sexenio bajo la protección de Nuestra Madre, la Virgen del Patrocinio, Patrona de la Orden y desde este momento pido la protección de San Juan de Dios, nuestro Fundador y de todos nuestros Hermanos santos y beatos.

Ciertamente nada podré hacer solo. Me habéis dado un Consejo General, con el que trabajaremos al máximo para responder a lo que se nos pide y evidentemente necesitaremos la ayuda, el soporte y la oración de todos los Hermanos y Colaboradores, de toda la Familia de la Orden, porque solo así, en comunión y desde la corresponsabilidad será posible realizar nuestra misión de animación y gobierno de la Orden.

2. Fieles a Jesucristo según el estilo de San Juan de Dios

En los cimientos de nuestra construcción está Jesucristo y el Evangelio. A Él le seguimos y a Él queremos responder consagrando nuestra vida en hospitalidad como lo hizo San Juan de Dios, que es para todos nosotros nuestra inspiración.

Cada día el Señor renueva su llamada a seguirle, a ser luz y sal en el mundo, a ser profetas de la hospitalidad evangélica. Por eso todos los días necesitamos ir al encuentro con el Señor en la oración y en la Eucaristía, que alimenta nuestra vida espiritual y que fortalece nuestra fraternidad. Sin esta experiencia cuotidiana corremos el peligro de que se hunda nuestra casa, nuestra vida y que vayamos por caminos equivocados. El encuentro con los hermanos, con los colaboradores y especialmente con los enfermos y necesitados son también espacios privilegiados para encontrarnos con Jesucristo, si estamos atentos y vivimos nuestra vida con espíritu de fe y discernimiento.

San Juan de Dios es un ejemplo para nosotros. En él encontramos un modelo referencial excelente por el significado de la experiencia de Dios en su vida y en la nuestra. Él recibió el carisma y la misión de la hospitalidad. “Confiad solo en Jesucristo...Dios ante todo y sobre todas las cosas del mundo” (2 Duquesa de Sesa 7). “Amad a nuestro Señor Jesucristo sobre todas las cosas del mundo, pues por mucho que vos le améis mucho más nos ama Él” (Luis Bautista 15). Experimentó el amor misericordioso de Dios en su vida de tal modo que le llevó a amar y tener misericordia infinita a los pobres, enfermos y vulnerables que encontró en su camino, identificándose con el Cristo pobre y frágil, haciéndose pobre y viviendo pobremente como ellos, reviviendo una de las más bellas páginas del Evangelio, la parábola del Buen Samaritano. “Tened siempre caridad, porque donde no hay caridad no hay Dios, aunque Dios en todo lugar estᔠ(Luis Bautista 15).

Queridos Hermanos, como San Juan de Dios, nosotros también participamos de esa experiencia y nuestra vida encuentra el sentido y el significado agradeciendo cada día al Señor la llamada a la vocación y a la consagración desde el carisma de la hospitalidad. La experiencia del amor misericordioso de Dios a cada uno de nosotros es la fuente de vida para nosotros y también nosotros hemos de hacer de nuestra vida un camino de crecimiento y conversión personal que nos lleve a identificarnos más con el Cristo pobre y frágil. Los signos que nos ayudarán a discernir este crecimientos son entre otros la vida en pobreza y austeridad y la entrega total de lo que somos y
tenemos a favor de los pobres, enfermos y necesitados de nuestro tiempo, a quien el Señor nos envía para hacerles llegar su amor y su misericordia, la vida y su anuncio de salvación.

A toda la Familia Hospitalaria, Hermanos, Colaboradores y Voluntarios hago una llamada a vivir profundamente la vocación a la hospitalidad del Evangelio al estilo de San Juan de Dios. Son muchas las necesidades, son muchas las personas, hermanos y hermanas nuestras, que sufren por múltiples causas. Seguramente no podremos llegar a todos, pero es ardúa la misión. Anclados en el Señor y llenos de alegría por el amor que nos tiene, salgamos de nosotros mismos para practicar la hospitalidad cada día, dando lo mejor que somos y tenemos. Hagámoslo abriendo nuestras Comunidades, nuestras Casas y nuestra Orden a todos aquellos que desean hacer el bien a los pobres y enfermos, a otras instituciones de la Iglesia y de la sociedad, siguiendo las palabras de nuestro Fundador: “Y puesto que todos tendemos al mismo fin, aunque cada uno va por su camino, según el beneplácito de Dios de la vocación recibida, bueno será que nos ayudemos los unos a los otros”. (2 Gutierre Lasso,11)

3. El Mensaje del Papa Francisco a la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios

El pasado día uno de febrero vivimos todos una experiencia inolvidable, cuando fuimos recibidos en audiencia privada por el Papa Francisco. Fue una mañana emocionante porque tuvimos la ocasión de estár con él, de escucharle y de saludarle personalmente. Le agradecimos su deferencia al acogernos, al darnos hospitalidad en la Sede Vaticana, no obstante las muchas ocupaciones y preocupaciones que sabemos que tiene.

Lo más importante fue el mensaje que nos dio. Un texto preparado exclusivamente para nosotros. Fue un mensaje profundo y lleno de luz, que todos debemos tener muy en cuenta para la vida de nuestra Orden y de nuestra Familia Hospitalaria. Junto a las líneas de acción que hemos aprobado en el Capítulo quiero deciros que para nuestro Gobierno General el mensaje del Santo Padre formará parte de nuestro programa para los próximos años.

No deseo repetirlo porque todos lo conocen. Solamente recordar algunas breves palabras: Nos habló de tres apartados: discernimiento, cercanía-hospitalidad y misión compartida.

Sobre el dicernimiento hemos querido que fuese una actitud presente durante nuestro Capítulo. El Papa nos pide que sea una actitud permanente en la vida de nuestra Orden y en cada uno de sus miembros: Deseo que este Capítulo quede en el corazón y en la memoria de su Congregación como una experiencia de diálogo y de discernimiento, en la escucha del Espíritu y de los hermanos y colaboradores, sin ceder a la tentación de la autorreferencialidad, que los llevaría a cerrarse en ustedes mismos. Por favor, no hagan de la Orden Hospitalaria un ejército cerrado, un coto cerrado. Dialoguen, debatan y proyecten juntos, desde sus raíces, el presente y el futuro de su vida y misión, escuchando siempre la voz de tantos enfermos y personas que los necesitan, como lo hizo san Juan de Dios: un hombre apasionado por Dios y compadecido del enfermo y del pobre.

Sobre la hospitalidad nos invitó a pensar en la figura del Buen Samaritano (cf. Lc 10, 25-37). La urgencia de tender la mano al que lo necesita le lleva a posponer sus proyectos y a interrumpir su camino, como marca
de nuestra identidad. Una marca que los llevará a mantener viva en el tiempo la presencia misericordiosa de Jesús que se identifica con los pobres, los enfermos y necesitados, y se dedica a su servicio. De este modo pueden llevar a cabo su misión de anunciar y realizar el Reino entre los pobres y enfermos. Con su testimonio y sus obras apostólicas aseguran asistencia a los enfermos y necesitados, con preferencia por los más pobres (cfr. Constituciones generales, art. 5), y promueven la pastoral de la salud.

Nos invitó también a realizar un sereno discernimiento de nuestras estructuras: En este contexto les pido un sereno discernimiento sobre las estructuras. Sus estructuras han de ser “posadas” –como la de la parábola del Samaritano– al servicio de la vida, espacios en los que particularmente los enfermos y los pobres se sientan acogidos. Les pido que creen redes “samaritanas” en favor de los más débiles, con atención particular a los enfermos pobres, y que sus casas sean siempre comunidades abiertas y acogedoras para globalizar una solidaridad compasiva.

Nos presentó como una urgencia el tema de la misión compartida: Más allá del número y de la edad, el Espíritu suscita siempre una renovada fecundidad que pasa por un adecuado discernimiento e incrementa la formación conjunta, de tal forma que religiosos y laicos tengan un corazón misionero que salta de gozo al experimentar la salvación de Cristo, y la comparte como consuelo y compasión, corriendo el riesgo de ensuciarse en el lodo del camino (cf. Evangelii gaudium, 45). Os animo a cuidar su propia formación, y a no dejar de formar a los laicos en el carisma, la espiritualidad y la misión de la hospitalidad cristiana, para que también ellos tengan un cálido sentido de pertenencia y en sus obras nunca falte el testimonio de la espiritualidad que alimentó la vida de san Juan de Dios. Queridos hermanos: Lleven la compasión y misericordia de Jesús a los enfermos y a los más necesitados. Salgan de ustedes mismos, de sus limitaciones, de sus problemas y dificultades, para unirse a los demás en una caravana de solidaridad. Que sus jóvenes profeticen y sus ancianos no dejen de soñar (cf. Jl 3,1).

Todos ellos temas claves que hemos tratado en nuestro Capítulo y que han sido iluminados por el Papa Francisco. Es ahora responsabilidad nuestra de caminar en esta dirección para que nuestro carisma y nuestra misión sean renovadas, rejuvenicidas y den más luz a la Iglesia y al mundo.

4. Ejes fundamentales para el Gobierno General en los próximos años

Como acabo de decir, las líneas de acción aprobadas por el Capítulo y el Mensaje del Papa Francisco constituirán el cuerpo fundamental que guiará al Gobierno General en los próximos años. Creo que ambos se complementan y sin duda el Papa Francisco nos ayuda a discernir, clarificar y poner audacia en algunas cuestiones que nuestro Capítulo seguramente no ha tenido la posibilidad de realizar. De acuerdo a todo ello deseo señalar algunos ejes que considero fundamentales y en los que el Gobierno General pondrá especial hincapié en el próximo sexenio:

a) Animar la vida de los Hermanos y las Comunidades

Considero fundamental este eje y además ha sido muy resaltado por el Capítulo. Vivir con alegría evangélica y con pasión cuidando nuestra vida espiritual y fraterna es un desafío permanente y en estos momentos diría que esencial. Nuestra consagración nos exige ponerlo todo al servicio del Reino, siendo testigos y dando luz a cuantos nos ven, especialmente a nuestros Colaboradores y Voluntarios, a los enfermos y necesitados. Además de la autorreferencialidad hemos de superar otras actitudes como el desánimo y el individualismo. A nivel comunitario hemos de redescubrir el gran don de la fraternidad, que al mismo tiempo forma parte esencial de nuestra vida y de nuestra
misión. Todo es necesario conjugarlo, pero hay mínimos que no podemos aceptar. Por otra parte les animo a ser creativos, a buscar nuevas formas de vivir la fraternidad, saliendo de nuestro obstracismo y abriendo nuestras comunidades también laicos que deseen compartir con nosotros la fraternidad. A nivel apostólico los Hermanos somos todos llamados, jóvenes y aquellos de más edad a vivir la experiencia del buen samaritano, de acuerdo a sus posibilidades y responsabilidades, cada uno en el lugar que le toque estár, sin olvidar que la presencia junto a los enfermos es algo que hemos de valorar y procurar hacer.

En este sentido, la Pastoral Vocacional y la Formación Inicial serán dos aspectos prioritarios que tendremos que seguir cuidando, sin olvidar que la Pastoral Vocacional debe ser un eje transversal que afecta a todas las esferas de la vida de la Orden. De poco servirá conformarnos con nombrar un responsable e incluso un equipo, si nuestras comunidades o el testimonio de cada uno de nosotros e incluso la identidad de nuestras Obras Apostólicas no reflejan lo que se espera de nosotros. Además en la Pastoral Vocacional deberemos tener presente también a los Colaboradores, no solo para que nos ayuden en nuestros equipos de Pastoral Vocacional, sino para promover también la vocación a la hospitalidad entre los Colaboradores.

Sin duda la Formación Permanente es un elemento esencial para potenciar todo lo que se refiere a nuestra vida consagrada. Ha sido indicado también durante el Capítulo. Formación continuada en el sentido de promover todo aquello que nos ayude a renovar y a vivir cada día nuestra identidad de consagrados en todos sus aspectos. Para ello será oportuno que todas las Provincias durante el sexenio, a ser posible en su primera parte, realicen un plan de renovación espiritual de la vida de los Hermanos, que nos ayude a crecer en nuestra vida espiritual, en la vida comunitaria y en la misión de hospitalidad al servicio de los enfermos y necesitados.

b) La Familia Hospitalaria de San Juan de Dios

Creo que hemos avanzado en los últimos años y hemos de seguir creciendo. El Papa nos lo pide también en su Mensaje así como otros documentos de la Iglesia, en especial el emanado por la CVCISVA Identidad y Misión del Religioso Hermano en la Iglesia (38). Hemos de seguir impulsando las Escuelas de Hospitalidad en todas las Provincias para imbuir a nuestros Colaboradores de la filosofía y la identidad de nuestra Orden. Pero además hemos de dar un paso adelante compartiendo con ellos no solo la misión y las actividades apostólicas sino también el carisma y la espiritualidad. Solo así podremos garantizar la identidad carismática de nuestras Obras y una gestión carismática de las mismas.

Junto a ello hemos de seguir avanzando en el compartir con los Colaboradores las responsabilidades en el gobierno y en la gestión de nuestras Obras y en la medida de lo posible de nuestras Provincias, de nuestras Regiones y de nuestra Orden, incluyendo su participación en las decisiones y en las diferentes Asambleas y Capítulos.

c) El liderazgo en los distintos ámbitos de la Orden

Se trata de otro tema esencial sobre el que nos gustaría hacer hincapié en los próximos años. Hemos indicado algo en las resoluciones respecto a los Superiores Locales, pero creo que hemos de tenerlo en cuenta en todos los ámbitos. Se por propia experiencia que no es fácil asumir la responsabilidad en ninguno de los ámbitos de nuestra vida en la actualidad. Pero es también evidente que los Superiores, los Formadores y quienes ejercer un cargo de responsabilidad se deben formar y cuidar personal y espiritualmente, porque están llamados a guiar a una Comunidad a cualquier nivel que sea, siendo testimonio y ejemplo con su vida, ganando la autoridad moral, promoviendo la fraternidad y cuidando la vida de los demás Hermanos en todos sus aspectos tal y como nos indican nuestras Constituciones especialmente en el número 38, que define al Superior como el Hermano que ejercita el servizio del gobierno. Desde la hospitalidad, el discernimiento y el diálogo el Superior debe preocuparse para que los Hermanos vivan su vocación con entusiasmo y pasión, debe ayudar a mantener viva la fraternidad comunitaria y debe ayudar a todos a vivir con serenidad la misión apostólica, cuidando a los Hermanos más frágiles, especialmente los enfermos y ancianos. Deben estar presentes y atentos a no ausentarse en exceso de la Comunidad y a vivir con austeridad, como corresponde a un religioso y más aún a un Superior.

En los tiempos que vivimos sin Superiores que tengan capacidad de liderazgo, que vayan delante y siempre acompañen al resto, será dificil crecer en nuestra Orden. Por eso es necesario que a ellos se les ayude, se les forme y se les acompañe desde los Gobiernos Provinciales.

Esta necesidad de liderazgo es válida también a nivel de las Obras, con los Hermanos y los Colaboradores que asumen la responsabilidad de la gestión de las mismas.

Se que todos tenemos nuestra propia responsabilidad, cada Hermano y cada Colaborador la suya. Pero estoy convencido que sin líderes guías que ayuden a conducir la vida y la misión de la Orden y de nuestra Familia Hospitalaria, será más dificil de afrontar los desafíos que nos esperan.

d) Revisar y discernir las estructuras de la Orden

Sobre ello hemos hablado durante este Capítulo e incluso el Papa Francisco también nos ha animado a ello. Por tanto será uno de los ejes a potenciar por el Gobierno General en los próximos años. Cada Provincia que todavía no lo ha hecho, es llamada a realizar un discernimiento sobre su futuro teniendo en cuenta su propia realidad. Desde este momento se trata no solo de una invitación, sino de una exigencia que todos estamos llamados a realizar.

Deberemos hacerlo a nivel de los Centros pensando en el futuro de muchos de ellos e intentando vislumbrar nuevas estructuras, nuevas formas jurídicas y en ocasiones la posibilidad de unir algunas de ellas. También deberemos estar abiertos a realizar proyectos y unir fuerzas con otros Institutos de Vida Consagrada y con otras entidades de la Iglesia.

Por supuesto debemos hacerlo también a nivel de Provincias. Algunas ya han dado pasos para la unión de varias Provincias que, no obstante las dificultades, vendrá confirmada su realización en la fecha prevista. Sin embargo deberemos avanzar más, desde el proceso de discernimiento que cada Provincia debe hacer y para el cual es aconsejable que se ayude de alguna persona externa y experta en la materia. Esta será la vía que impulsaremos desde el Gobierno, a partir del proceso que cada Provincia esperamos que inicie y para lo cual ciertamente estaremos disiponibles a ayudar en cuanto se pida y sea posible. Antes de los próximos Capítulos Provinciales cada Provincia deberá haber finalizado dicho proceso de discernimiento y deberá presentarlo a la Curia General.

5. Estilo de Gobierno

Apenas estamos iniciando el nuevo sexenio y el nuevo Definitorio General necesita un poco de tiempo para poder organizarse y concretar muchas cuestiones, pero puedo decir que durante los próximos años queremos que nuestro estilo de gobierno sea presidido por la comunión entre los miembros del Gobierno General y la comunión con los Superiores Provinciales y con toda la Orden, a través del ejercicio del diálogo, la corresponsabilidad, la colegialidad y la sinodalidad.

Efectivamente cada uno tiene su misión, pero todos hemos de tener un horizonte amplio mirando a la Orden con carácter universal, teniendo en cuenta la diversidad, la sana autonomía y la realidad cultural y regional de las Provincias y entidades de la Orden. Todos somos corresponsables de que nuestra Orden y nuestra Familia responda con fidelidad a la llamada del Espíritu del Señor en el presente y en el futuro.

Queremos hacerlo también desde la colegialidad con los Superiores Provinciales, con quienes mantendremos Asambleas para examinar distintos puntos de interés para la Orden y desde las que podremos ir evaluando el trabajo que se va realizando.

Desde la sinodalidad, para que toda la Orden pueda caminar unida y en comunión para lo cual impulsaremos con más fuerza el trabajo por Regiones, como espacios intermedios que gestionen y y lleven adelante la vida de la Orden en cada una de ellas, de acuerdo a sus propias realidades culturales y de acuerdo a sus propias necesidades. Evidentemente todo ello en adecuada coordinación con el Gobierno General de la Orden. Las Comisiones Regionales asumirán por tanto una importante responsabilidad para la vida y el futuro de la Orden.

6. Agradecimientos

Deseo en primer lugar agradecer al Señor su presencia y su acompañamiento durante el Capítulo, en el que hemos discernido las líneas y las orientaciones que Él nos pide para el futuro de nuestra Orden y de nuestra Familia Hospitalaria.
Gracias a toda la Orden y a toda nuestra Familia que desde antes y durante el Capítulo han rezado permanentemente para el éxito de nuestro Capítulo.

Gracias a todos los Hermanos Capitulares y a todos los Colaboradores que participaron en el Capítulo durante una semana. Sus aportaciones fueron muy significativas y una vez más en su mensaje final nos manifestaron su disponibilidad y su apoyo incondicional y nos pidieron asegurar la permanencia del estilo y espiritualidad de San Juan de Dios en las Obras Apostólicas... Nos indicaron su esperanza diciendo Esperamos vuestra confianza y queremos trabajar unidos, respetando los diferentes roles en la gestión de las Obras y en otras iniciativas y nos recordaron las palabras del Papa Francisco: “Dios les da las batallas más difíciles a sus mejores soldados”, no tengamos miedo. Muchas gracias y deseamos que para ellos haya sido también una experiencia inolvidable de fraternidad y hospitalidad.

Muchas gracias a los Hermanos que formaron parte del Consejo General anterior y de la Curia General por su servicio encomiable. Especialmente a los Hnos. Rudolf Knopp, Giampietro Luzzato y Benigno Ramos, por el gran servicio que hicieron a la Orden, como miembros del Consejo General. Os deseo lo mejor en la nueva etapa que comienza para vuestras vidas, que sigáis sirviendo al Señor en la Orden, allí donde estéis. Para mi fuistéis por encima de todo Hermanos, en los que encontre soporte, comprensión y hospitalidad.

Gracias a todos los Hermanos que conforman el nuevo Consejo General por haber aceptado este servicio y esta responsabilidad. Nuestro primer desafío será vivir en comunión y servir a la Orden con audacia poniendo todo lo que somos y tenemos para animar y gobernar la Orden.

Quiero agradecer a los miembros de la Comisión precapitular y a todo el Equipo de Curia General que preparó el Capítulo, coordinado po rel Hno. Andrés Sène. Habéis hecho un gran trabajo y creo que todos lo sabemos reconocer.

Gracias a los Hermanos que habéis participado en las distintas comisiones capitulares: la comisión central, la comisión de redacción, la comisión de bienestar, la comisión de liturgia, a los sacerdotes que habéis presidido las Eucaristías y al Equipo médico que habéis velado y cuidado nuestra salud. Gracias a los moderadores y a los secretarios de los grupos. Todos habéis hecho un gran esfuerzo para que todo funcionara bien.

Muchas gracias al Hno. Gian Carlo Lapic por el servicio que ha realizado como Secretario de Capítulo y a la Sra Silvia Farina que le ha ayudado en llevar las actas al día y gracias a la Comisión que ha supervisado las Actas del Capítulo General. Muchas gracias a los Hermanos escrutadores, Brian O’Donnell y Parfait Tchaou.

Mi agradecimiento especial para el P. David Glenday que nos ha ayudado como Moderador del Capítulo y a los Hermanos que le han apoyado, aportando su serenidad, su sabiduría y su buen humor escocés, para la buena marcha del Capítulo. Igualmente mi agradecimiento para el P. John
Dardis que nos dirigió el retiro espiritual del primer día del Capítulo y para el P. Juan Carlos Martos que dirigió el discernimiento para la fase electiva de nuestro Capítulo.

Muchas gracias al Equipo de Curia General que ha estado permanentemente con nosotros y a nuestra disposición para que todo fuese bien: a la Sra Silvia Farina, al Sr. Klaus Mutschlechner y al Sr. Augusto Fabbroni y en ocasiones al Sr. Pietro Cacciarelli. Igualmente muchas gracias al Sr. Antoine Soubrier que ha realizado un magnífico trabajo tanto en la comisión de redacción como en la comunicación e información del Capítulo. Muchas gracias a todos, porque ha sido mucho el trabajo y sobre todo por estar siempre pendientes de nosotros.

Gracias a todo el equipo de intérpretes, del equipo de la Sra. Kathlenn Elslander, a la Hna Maria Ahn y a la Sra Wheran Kee para la lengua coreana y al Sr. Jerome Nguyen Duc Manh para la lengua vietnamita. Vuestra colaboración ha sido esencial para que el Capítulo pudiese realizarse. Gracias por vuestro trabajo a veces complicado y exigente. Igualmente mi agradecimiento al Sr. Maximiliano Pocek y a todo el equipo técnico por su buen trabajo. Todo ha funcionado muy bien. Muchas gracias.

Muchas gracias también a la Casa Villa Aurelia donde hemos realizado el Capítulo. Creo que hemos estado muy cómodos y todo ha funcionado muy bien. Gracias por su hospitalidad, igualmente gracias a los PP. Dehonianos que nos permitieron celebrar cada día la Eucaristía en su Iglesia.

7. Conclusión

El Capítulo que ahora clausuramos ha sido una rica experiencia de universalidad, de fraternidad y de hospitalidad. En él y siempre desde una actitud de discernimiento hemos tratado de escuchar al Espíritu del Señor para que nos iluminase acerca de los caminos que hemos de recorrer para seguir siendo fieles a nuestro carisma y a nuestra misión. Creo que hemos de estar satisfechos porque el Señor ha estado con nosotros y hemos encontrado algunas luces esenciales para guiar la vida de nuestro Instituto en el presente y en el futuro.

Es verdad que los desafíos son muchos, pero también es cierto que la gracia y el don que el Señor renueva cada dia en nosotros, nos dará la fuerza para afrontarlos. Ahí estará la clave, en no cerrarnos en nosotros mismos ni en nuestras limitaciones, sino en vivir con entusiasmo y entrega nuestra vocación sirviendo a la Iglesia de Jesucristo desde nuestro carisma y misión.

Nuestro corazón debe estar siempre abierto y dispuesto a la entrega y el servicio a los pobres y enfermos para hacer de nuestras Comunidades y de nuestras Casas posadas al servicio de la vida como nos dijo el Papa Francisco. Tengamos la audacia necesaria para ello.

Ahora volvemos cada uno a nuestros lugares de orígen. Ahora llega el momento de poner en práctica todo lo que hemos vivido y concluido. Para ello será necesario mantener siempre viva la
actitud del discernimiento, para que el Espíritu del Señor nos siga iluminando nuestro camino para tomar las mejores decisiones, siempre acordes con el Evangelio.

Les pido que nos tengan presentes en sus oraciones a todos los Hermanos que formamos el Definitorio General para que el Señor nos sostenga y nos ilumine, nos de el don del discernimiento y de la audacia para guiar a la Orden y a la Familia Hospitalaria por donde Él quiere.

Llevad a todos los Hermanos y a toda la Familia de San Juan de Dios nuestros saludos y contacles la experiencia que hemos vivido en el Capítulo. A todos invitadles a vivir con esperanza y valentía esta nueva etapa de la vida de nuestro Instituto y guiadles con amor fraterno y con hospitalidad por los nuevos caminos por los que nos envía el Señor.

Que tengan todos un buen viaje de regreso y que el Señor, Nuestra Madre la Vírgen del Patrocinio, San Juan de Dios, San Rafael nuestro Hermano Mayor y todos nuestros santos y beatos acompañen y bendigan durante el sexenio que ahora iniciamos a ustedes y a todos los Hermanos y miembros de nuestra querida Familia Hospitalaria. Gracias.




Además:


- Participación en el congreso internacional C3 Interventional Academy
- Jornadas Nacionales de Psiquiatría en Bolivia: ‘‘Salud mental infanto juvenil, con ellas y ellos empieza’’
- V Congreso Internacional sobre Atención Integral a la Persona con Discapacidad: “Enfoque biopsicosocial de la persona con discapacidad”
- Un nuevo espacio para el encuentro de los Colaboradores
- Pastoral Vocacional en Chile: Jornada de Hospitalidad para Jóvenes
por Hno. Jesús Etayo, Superior General