>

Novedades

 

28 de agosto: San Agustín, Doctor de la Gracia

Vida Consagrada | 28.08.2019

Hoy, 28 de agosto, en la Orden Hospitalaria celebramos la festividad de nuestro patrono San Agustín de Hipona, hombre que con su vida nos enseñó que, a pesar de ser pecadores, Dios nos quiere y busca nuestra conversión.


San Agustín es bien conocido como incansable buscador de la verdad, como convertido, obispo y teólogo. En cambio no lo es tanto en su calidad de monje. Y sin embargo, sólo podremos comprender plenamente su personalidad si tenemos en cuenta que su solo deseo después de la conversión consistió en ser un siervo de Dios, en una palabra, un monje. En cuanto sacerdote y hasta como obispo vivió una vida monástica. Es más, al escribir la Regla monástica más antigua de Occidente, todavía en vigor hoy día, ejerció una enorme influencia sobre el ideal cristiano de la vida religiosa. Escribió la Regla hacia el 397. Para entonces ya había tenido alguna experiencia de la vida religiosa. Su primera fundación tuvo lugar en Tagaste en el 388. Siendo ya sacerdote fundó en Hipona un monasterio para hermanos no clérigos en el 391. Al ser consagrado obispo estableció en su casa episcopal de Hipona un monasterio para clérigos por los años de 395-396. Allí es donde escribió su Regla claramente destinada a una comunidad no clerical que debió abandonar al ser nombrado obispo.



LLENAR EL CORAZÓN DE DIOS

Como muchos santos, San Agustín reconocía la grandeza de dejarse habitar por Dios y afirmaba: “Dios es el principio de todo modo, …; el principio de toda belleza, …; el principio de todo orden, …” y vuelve a anotar: “donde se encuentran estas tres cosas en grado alto de perfección, allí hay grandes bienes” (REALE, G., ANTISERI, D., 2007. Historia de la Filosofía, Patrística y Escolástica., Bogotá: San Pablo). La voluntad de Dios se descubre en una vida capaz de amar, y se refleja en actitudes de misericordia, exhalando el buen olor de Cristo, como lo dice el Obispo Agustín en su Regla, Cap VIII no. 48 (OH, 1971. Regla de San Agustín, Milán). Descubrir que Dios habita en nuestros corazones no es otra cosa que hacer lo que Cristo hizo por todos los hermanos necesitados y enfermos, manifestando así que Él no los abandona.

La misma actitud se puede descubrir en San Juan de Dios, que “transformado interiormente por el amor misericordioso del Padre, vivió en perfecta unidad el amor a Dios y al prójimo” (Const. 1). Él escuchó la llamada de Jesús y se sintió enviado a realizar la misión en favor de los pobres y los enfermos, con los gestos y actitudes del Buen Samaritano, y en respuesta fiel a la voluntad de Dios. De esta manera vivió una fuerte experiencia de Dios.

Esta misma actitud la han vivido muchos de nuestros hermanos Hospitalarios que han descubierto en sus vidas la voluntad de Dios y han dado su vida al servicio de los pobres y necesitados; es el mismo llamado que tienen los colaboradores de la Orden Hospitalaria y, en general, muchos jóvenes cristianos que sientan el llamado de Jesús a seguirle, en el servicio a los enfermos; dejar que Dios habite en el corazón y transforme la vida en una existencia llena de su amor y misericordia, porque este es el fin y fundamento de la vida religiosa hospitalaria.







Además:


- ¡Feliz día del Voluntario! ¡Gracias por la entrega generosa!
- Casa Hospital San Juan de Dios inauguró un Centro Médico en la localidad bonaerense de Castelar
- II Jornadas de Reflexión Bioética
- Escuela de Hospitalidad en Argentina
- Semana del Prematuro: ¡Siempre es un buen momento para celebrar la vida!