LA PASTORAL EN LOS CENTROS DE LA ORDEN HOSPITALARIA

 

San Juan de Dios, al iniciar su misión en Granada, España; se preocupó por acompañar “el cuerpo y el alma” de cada hijo de Dios que recibió en su hospital. “Quiero traer un médico espiritual que os cure las almas, que después para el cuerpo no faltará remedio” (Castro N° 12). En palabras actuales, continuar con la acción en la Orden al estilo de San Juan de Dios, implica prestar una asistencia integral a la persona que sufre.

 

La acción que realiza la Orden Hospitalaria, continuación de la obra de San Juan de Dios, se expresa con la palabra pastoral. Para nosotros, presentar la pastoral, implica hacerlo en dos niveles.

 

El primero lo entendemos en un sentido general. Es la dimensión evangelizadora que la Orden lleva a cabo en cada centro asistencial, en cada obra apostólica.

 

El segundo nivel se refiere a la tarea concreta que realiza el servicio de atención espiritual y religioso ofrecido a los hermanos, usuarios, familiares, colaboradores, voluntarios y vecinos de las obras apostólicas.

 

EL PRIMER NIVEL

Como institución de la Iglesia, la misión primordial de la Orden es la Evangelización. La Orden evangeliza haciendo una lectura específica del Evangelio de Jesucristo, desde la misericordia y la hospitalidad. Nuestra forma de evangelizar se hace real y concreta a través de la filoxenia, la acogida cordial a cada persona.

 

El fundamento de esta acción se encuentra en los principios y valores que surgen de la experiencia personal de San Juan de Dios, de la tradición de la Orden y de la reflexión teológica llevada a cabo en cada momento histórico.

 

Las personas que nos sentimos parte de la Orden, comprendemos que somos una organización que tiene como centro de atención la persona asistida, la cual se preocupa por acogerla cordialmente, asistirla, acompañarla y ayudarla para que su calidad de vida sea la mejor posible; y dentro de las posibilidades, ofrecerle un camino para descubrir el sentido de la vida.

 

Esto significa que la pastoral considera a la persona en su globalidad, la incluye en todas sus dimensiones y con todas sus ambivalencias, considerando la relación real que tiene consigo misma, con las demás personas, con el entorno, y con Dios.

 

Por tanto cualquier servicio a la persona, ya sea la acogida cordial en recepción o en otro servicio del centro hospitalario, la sencilla asistencia en la alimentación, en la higiene personal; la comunicación adecuada de un diagnóstico, la administración de medicamentos, selección de recursos humanos, la desvinculación de un colaborador y hasta la orientación existencial, puede tener una cualidad pastoral si se brinda con empatía y con la conciencia de considerar la persona en forma integral.

 

En cada centro asistencial de la Orden, toda la estructura de gestión, estilo asistencial, políticas de recursos humanos, plan de comunicación, de formación, y en definitiva toda la organización; están orientadas hacia el fin y la misión última de la Orden: la evangelización.

 

La gestión en la organización no es neutra, debe orientarse desde los principios y valores de la Institución, aplicando los instrumentos, métodos y técnicas profesionales más avanzadas que nos proporciona la ciencia. Esto es la pastoral en sentido general.

 

 

EL SEGUNDO NIVEL

En este nivel, la pastoral implica la atención espiritual y religiosa en las Obras Apostólicas de la Orden. Forma parte del proyecto asistencial juandediano, esto aparece expresado en algunos documentos fundamentales de la Institución:

 

“Todas las obras de la Orden han de contar con un Servicio de Asistencia Espiritual y Religiosa, dotado de recursos humanos y materiales necesarios. Pueden formar parte de este Servicio Hermanos, Sacerdotes, Religiosos/as y Colaboradores que cuenten con una formación adecuada en el ámbito de la pastoral. Estos deben trabajar en equipo, coordinando sus actividades con los demás servicios de la Obra”.

 

“Debemos dar una asistencia que considere todas las dimensiones de la persona humana: biológica, psíquica, social y espiritual. Solamente una atención que trate todas estas dimensiones, al menos como criterio de trabajo y como objetivo a lograr podrá considerarse asistencia integral”.

 

Este servicio es una oferta de atención abierta a todos y a cada persona que un momento tan particular como es la situación de enfermedad, sufrimiento, discapacidad y vulnerabilidad.

 

“A todos los enfermos y marginados, desde el respeto y la libertad, hemos de acercarnos y atender sus necesidades espirituales, dejándoles el protagonismo, aportándoles lo que necesiten en la medida que podamos hacerlo”.

 

Las personas que llegan a nuestros centros saben que es el dolor físico y psicológico. Al experimentar en su propia vida el sufrimiento, acuden pidiendo ayuda. La primera necesidad que sienten es la de curar el mal que les aflige, o de buscar ayuda para sus exigencias concretas, sin embargo, su petición también contiene, de forma más o menos explícita, necesidades de tipo espiritual y religioso.

 

¿Qué queremos decir cuando hablamos de necesidades de tipo espiritual o religioso?

 

La dimensión espiritual, desde el ámbito católico, es constitutiva del ser humano. Hace referencia a la llamada interna de toda persona a crecer y orientar su vida en la búsqueda de la plenitud, de la felicidad, en la realización más amplia de ideales. Opera como una especie de impulso interior que mueve a la persona y orienta sus acciones. Pertenece a la intimidad del ser humano y lo abre a la realización con los demás y con el Otro, que puede ser Dios, o con cualquier otro nombre que se prefiera para indicar lo sobrenatural, que llena la vida de sentido y significado.

 

La dimensión espiritual se refiere a la búsqueda del sentido de la vida, contiene las grandes preguntas de la existencia ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? ¿Qué es la vida? ¿Qué es la muerte? ¿Qué sentido tiene el dolor? ¿Qué hay después de la muerte? Son preguntas a las que se pueden responder desde los principios y valores que cada hombre se plantea para sí mismo, y se refieren al centro más profundo del ser humano, su espíritu.

 

La dimensión religiosa es la capacidad del ser humano de vivir una experiencia de encuentro con Dios. Experiencia que lleva a realizar una opción por una religión histórica específica, por un dios concreto, una doctrina definida y orientada, que ofrece una escala de valores capaz de dar indicios a responder los grandes interrogantes de la humanidad.

 

Es una respuesta a una llamada interior que implica entender y vivir de forma concreta la relación con Dios. “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” Esta dimensión considera la existencia de una comunidad, que acompaña a sus integrantes en el aprendizaje y crecimiento de la fe en el Dios de dicha religión.

 

Dimensión espiritual y religiosa no son sinónimos, aunque entre ambas existen referencias recíprocas. La dimensión espiritual es constitutiva de la persona, la dimensión religiosa es la forma histórica específica en la que el individuo ha decidido madurar su fuerza espiritual.

 

 

MODELO ASISTENCIAL

 

La atención de las necesidades espirituales y religiosas de las personas atendidas en nuestras Obras Apostólicas forma parte de la atención integral de cada persona. Por tanto, es imprescindible el trabajo coordinado de todo el equipo asistencial.

 

El equipo de pastoral (asistencia espiritual y religiosa), se ocupa de acompañar a toda persona que llega a ser parte de las obras apostólicas. Requiere, como toda área, un modelo antropológico para definir y concretar la misión de la Orden, sus tareas, cuidados y estilo asistencial. “La persona es una realidad plural estructurada y constituida por las dimensiones biológica, psíquica, espiritual y social”

En general, el proceso de atención a las necesidades espirituales consta de:

 

 

  1. Descubrimiento de necesidades (Diagnóstico)
  2. Formulación de objetivos, actividades (tratamiento)
  3. Seguimiento (Evaluación).

 

Al presentar este proceso, desplegamos un método clínico que pretende detectar las necesidades espirituales y religiosas de dar sentido a lo que se vive, a la reconciliación consigo mismo y con los otros. Detectar, además, la necesidad de símbolos, de ritos y de trascendencia. Luego de descubrir las necesidades, pensar, de acuerdo a un marco teórico bien definido, en cómo podemos ayudar al usuario, su familia colaborador o vecino en esta particular situación. La ayuda puede ser con la escucha activa y respetuosa en una visita o encuentro pastoral que ayude a potenciar la autoestima, a ser agradecidos por la posibilidad de recuperación, a releer la vida desde la esperanza y el principio de realidad. También tiende a promover la reconciliación con los demás y la liberación de culpas.

 

La asistencia, también contribuye a colaborar en la orientación de principios y valores, a discernir y clarificar creencias cuando estas puedan tener un sesgo patológico, y acompañar al usuario y su familia ante la muerte próxima para que, dentro de las circunstancias, se ayude a la persona a morir en paz.

 

La asistencia, tiende además a facilitar prácticas religiosas y celebraciones sacramentales.